domingo, 27 de septiembre de 2009
miércoles, 19 de agosto de 2009
Ideas de entrevista
E.C. Ilustrar poesía es tal vez un reto mayor que ilustrar narrativa, ya que necesita un grado de interpretación más grande, pero al mismo tiempo no se debe querer "traducirla", ¿para ti cómo fue este reto?. Las necesidades son las mismas a la hora de proponer una ilustración,
G.P. El ejercicio de la paráfrasis me ayudo mucho a explorar el texto y prepararlo para construir las imágenes. Efectivamente, no se trataba de representar o de reiterar la idea, sino de generar objetos reflexivos, elementos legibles, imágenes conceptuales que apuntaran a los recorridos de los poemas.
Este proyecto en particular suponía construir un libro evitando el cliché que deteriora cualquier libro, así que la propuesta se encaminó a plantear imágenes que dialogaran, y que, en sí mismas, fueran un tipo de escritura para que el lector encontrara, en diferentes tiempos, las posibilidades de un discurso siempre hilvanado al concepto del libro.
Yo, en ese particular, aprovecho mucho el silencio que existe cuando se lee poesía, y lo entiendo como ese espacio donde se genera el pensamiento, ahí es donde me interesa construir mis imágenes.
E.C.¿Cómo se decidió la partición de los poemas para ilustrarlos, ya que a veces se ilustra una estrofa y a veces dos? ¿Dependió de la edición y del ajuste de páginas?
G.P. La partición fue a cargo de la editora, así que a mi me dieron el libro en páginas y sencillamente me puse a trabajar. Aunque yo empiezo a ilustrar en el centro de un texto, no importando dónde se encuentre, sea al comienzo o sea al final, lo que importa es ubicar justamente ese centro, entonces trabajo sobre esas palabras y dependiendo de la partición desgloso ese centro en varias imágenes.
E.C.El fondo de tus ilustraciones son también el fondo de los poemas, ¿lo decidiste así?
G.P: si, normalmente trabajo a doble página, la idea es recoger tanto la tipografía como los elementos visuales en una misma atmósfera, se entiende que cada doble página es una unidad, como una frase elaborada con varias palabras; una idea, una fotografía o un dibujo que se enhebran en una sola página. Al final todo se vuelve legible en una oración.
E.C.En ocasiones, como en "Una nariz pegada", las ilustraciones plantean una historia redonda y hasta se siente una facilidad del ilustrador, ¿te sentiste más cómodo ilustrando algunos textos? ¿Cuáles te gustaron más y cuáles te plantearon un reto mayor?
G.P. a veces sucede que algunos textos sugieren más que otros, y en veces los ilustradores encontramos una solución más pronta que otra, tal vez por afinidad, tal vez por empatía. Sin embargo la fluidez en la lectura no tiene que ver con la comodidad para resolver un texto, eso depende mas del lector.
Siempre he pensado que, definitivamente, el tiempo en que un lector pueda estar en una imagen significa la estancia que ha hecho el ilustrador en cada ilustración para profundizarla.
E.C.La poesía puede ser muy visual, ¿qué tanto las metáforas de los poemas te inspiraron para hacer tus propias metáforas en imagen?
G.P. Completamente. Digamos que fueron el lugar de donde partí siempre. Sin un lugar de dónde partir o de dónde iniciar un viaje, no podría imaginarse ilustración alguna.
E.C. La poesía es un género literario que puede llegar a ser muy complejo, por eso es un reto para los poetas conservar la sencillez al hacer poemas para niños, como ilustrador ¿pensaste en simplificar tus imágenes o creaste abstracciones sin autocensura?
G.P. no, siempre me ha gustado la poesía y mis ilustraciones corren sin concesión, sin embargo la síntesis siempre está presente en mi trabajo y eso ayuda a tener niveles de lectura.
Una jaula es algo concreto, identificable, legible por un lector, pero si además le ceñimos referencias o inferencias, bien podría ser la imagen de nuestro ser amoroso.
Yo ilustro, abismo la imagen, depende del lector hasta dónde quiera llegar.
E.C. En tus ilustraciones pareces usar muchas texturas, ¿qué tan importante es para ti esto?
G.P. La textura es el primer encuentro con el texto, es el registro de la luz que iluminará todos los elementos y que matizará todos los colores.
La textura es como adjetivar el color.
E.C.Al mismo tiempo, usas colores que parecen matizar las texturas y dar unidad a la imagen. Suelen ser colores bastante sobrios, pero alegres al mismo tiempo, ¿cómo explicarías tu paleta de colores y estilo para ilustrar?
G.P. mi paleta se construye en base a la economía de color para dar peso a los acentos, es utilizar las sombras y medias luces propias de cada color, los grises son color con poca luz, entonces un cenital, además de su valor dramático, es un acento instrumentalizado.
Es otra forma de presenciar el silencio, solo que a oscuras.
E.C. ¿Tuviste toda la libertad para ilustrar el libro o hubo alguna línea editorial a seguir?
No, fue de una entera libertad, digamos incluso de una libertad aterradora.
E.C. En cada poema hay ciertos colores, ¿cómo elegiste los tonos?
G.P. ese fue un mero ejercicio personal de luz, y era el primer color que me surgía a la hora de leer cada poema.
E.C. Finalmente, ¿qué te parece este reconocimiento de Bologna, donde se hace la feria de libro infantil más importante del mundo?
G.P. Para mí es una especie de retribución al editor, casi nunca se presta atención a ese trabajo que genera libros y es más que merecido ubicar una distinción por un trabajo que lleva a una propuesta a su publicación.
Entrevista de Elizabeth Cruz.
G.P. El ejercicio de la paráfrasis me ayudo mucho a explorar el texto y prepararlo para construir las imágenes. Efectivamente, no se trataba de representar o de reiterar la idea, sino de generar objetos reflexivos, elementos legibles, imágenes conceptuales que apuntaran a los recorridos de los poemas.
Este proyecto en particular suponía construir un libro evitando el cliché que deteriora cualquier libro, así que la propuesta se encaminó a plantear imágenes que dialogaran, y que, en sí mismas, fueran un tipo de escritura para que el lector encontrara, en diferentes tiempos, las posibilidades de un discurso siempre hilvanado al concepto del libro.
Yo, en ese particular, aprovecho mucho el silencio que existe cuando se lee poesía, y lo entiendo como ese espacio donde se genera el pensamiento, ahí es donde me interesa construir mis imágenes.
E.C.¿Cómo se decidió la partición de los poemas para ilustrarlos, ya que a veces se ilustra una estrofa y a veces dos? ¿Dependió de la edición y del ajuste de páginas?
G.P. La partición fue a cargo de la editora, así que a mi me dieron el libro en páginas y sencillamente me puse a trabajar. Aunque yo empiezo a ilustrar en el centro de un texto, no importando dónde se encuentre, sea al comienzo o sea al final, lo que importa es ubicar justamente ese centro, entonces trabajo sobre esas palabras y dependiendo de la partición desgloso ese centro en varias imágenes.
E.C.El fondo de tus ilustraciones son también el fondo de los poemas, ¿lo decidiste así?
G.P: si, normalmente trabajo a doble página, la idea es recoger tanto la tipografía como los elementos visuales en una misma atmósfera, se entiende que cada doble página es una unidad, como una frase elaborada con varias palabras; una idea, una fotografía o un dibujo que se enhebran en una sola página. Al final todo se vuelve legible en una oración.
E.C.En ocasiones, como en "Una nariz pegada", las ilustraciones plantean una historia redonda y hasta se siente una facilidad del ilustrador, ¿te sentiste más cómodo ilustrando algunos textos? ¿Cuáles te gustaron más y cuáles te plantearon un reto mayor?
G.P. a veces sucede que algunos textos sugieren más que otros, y en veces los ilustradores encontramos una solución más pronta que otra, tal vez por afinidad, tal vez por empatía. Sin embargo la fluidez en la lectura no tiene que ver con la comodidad para resolver un texto, eso depende mas del lector.
Siempre he pensado que, definitivamente, el tiempo en que un lector pueda estar en una imagen significa la estancia que ha hecho el ilustrador en cada ilustración para profundizarla.
E.C.La poesía puede ser muy visual, ¿qué tanto las metáforas de los poemas te inspiraron para hacer tus propias metáforas en imagen?
G.P. Completamente. Digamos que fueron el lugar de donde partí siempre. Sin un lugar de dónde partir o de dónde iniciar un viaje, no podría imaginarse ilustración alguna.
E.C. La poesía es un género literario que puede llegar a ser muy complejo, por eso es un reto para los poetas conservar la sencillez al hacer poemas para niños, como ilustrador ¿pensaste en simplificar tus imágenes o creaste abstracciones sin autocensura?
G.P. no, siempre me ha gustado la poesía y mis ilustraciones corren sin concesión, sin embargo la síntesis siempre está presente en mi trabajo y eso ayuda a tener niveles de lectura.
Una jaula es algo concreto, identificable, legible por un lector, pero si además le ceñimos referencias o inferencias, bien podría ser la imagen de nuestro ser amoroso.
Yo ilustro, abismo la imagen, depende del lector hasta dónde quiera llegar.
E.C. En tus ilustraciones pareces usar muchas texturas, ¿qué tan importante es para ti esto?
G.P. La textura es el primer encuentro con el texto, es el registro de la luz que iluminará todos los elementos y que matizará todos los colores.
La textura es como adjetivar el color.
E.C.Al mismo tiempo, usas colores que parecen matizar las texturas y dar unidad a la imagen. Suelen ser colores bastante sobrios, pero alegres al mismo tiempo, ¿cómo explicarías tu paleta de colores y estilo para ilustrar?
G.P. mi paleta se construye en base a la economía de color para dar peso a los acentos, es utilizar las sombras y medias luces propias de cada color, los grises son color con poca luz, entonces un cenital, además de su valor dramático, es un acento instrumentalizado.
Es otra forma de presenciar el silencio, solo que a oscuras.
E.C. ¿Tuviste toda la libertad para ilustrar el libro o hubo alguna línea editorial a seguir?
No, fue de una entera libertad, digamos incluso de una libertad aterradora.
E.C. En cada poema hay ciertos colores, ¿cómo elegiste los tonos?
G.P. ese fue un mero ejercicio personal de luz, y era el primer color que me surgía a la hora de leer cada poema.
E.C. Finalmente, ¿qué te parece este reconocimiento de Bologna, donde se hace la feria de libro infantil más importante del mundo?
G.P. Para mí es una especie de retribución al editor, casi nunca se presta atención a ese trabajo que genera libros y es más que merecido ubicar una distinción por un trabajo que lleva a una propuesta a su publicación.
Entrevista de Elizabeth Cruz.
domingo, 16 de agosto de 2009
martes, 5 de mayo de 2009
miércoles, 10 de septiembre de 2008
miércoles, 11 de junio de 2008
El estilo
El estilo es una roca a la cual nos atamos, y que, como un escultor, hay que ir moldeándola hasta reducirla a nada.
miércoles, 16 de abril de 2008
Perpetua
Todos estamos solos,
nadie nos acompaña,
ni siquiera nosotros mismo.
La voz se disuelve.
Entonces, la palabra.
nadie nos acompaña,
ni siquiera nosotros mismo.
La voz se disuelve.
Entonces, la palabra.
lunes, 14 de abril de 2008
árbol negro
"Que el vivir es solo soñar;
y la experiencia me enseña
que el hombre que vive sueña
lo que es hasta despertar."
Calderón de la Barca
que el hombre que vive sueña
lo que es hasta despertar."
Calderón de la Barca
Desde la primera vez que lo leí me dejó una sensación de extrañeza, la misma sensación que regresa a mi cada vez que apago el ordenador (maldita sea). Por hoy pienso irme a dormir y dejar de dibujar árboles para esta ilustración. Dejo el libro que leo entre momentos y espero a que se apague el monitor.
Los escritores deben ser unos locos que nunca duermen. Estarán tras una ventana, sin poder dormir, mirándolo todo. (Y los editores deben dormir teniendo pesadillas).
Me pregunto si alguien soñará ahora.
¿Qué soñará?
¿Sólo dormirá?
Veo la ventana al fondo de la habitación. Es enorme.
Cuando al fin se apaga el ordenador todo queda en penumbra. La luz que había se vuelve oscuridad, la misma oscuridad por donde entra la madrugada.
Una luz entra, mis pies se iluminan.
Descalzo, a tientas, me levanto de la silla, me acerco a la ventana y veo el cielo, parece como si le hubiesen herido y llorara el aire.
Todo está bajo este cielo tan extraño. Todo está en silencio, como un mar sin nadie.
Entonces veo con claridad, los edificios se siguen, uno tras otro, se amontonan frente a esta ventana como los barcos se amontonan en el desguace esperando la muerte, ¿qué esperarán estos edificios?, ¿qué hace este mar aquí? (eso le dije hoy a ella). En medio de ellos, un árbol se va tejiendo, quieto, como un incendio que en silencio va cubriéndolo todo, manchándolo todo, "la sangre negra de un árbol".
Me pierdo.
Los edificios son proas enormes de barcos que esperan (ahora pienso).
Volteo y veo la mesa de madera en la que se queda el ordenador. Parece un árbol negro. Y en silencio, frente a él, me pregunto si habrá quedado guardado el archivo de forma adecuada en el disco duro. Aunque también me pregunto si existe siquiera el archivo.
¿Existe mi ilustración?
¿Qué es una ilustración digital?
¿Un archivo electrónico?
¿Kilobytes?
¿Información digital?
Una vez leí que estaban investigando si la información tiene peso, si pesa. ¿Pesarán los recuerdos?
Veo las estrellas.
Veo su luz de hace más de doce años. No las veo a ellas, solo esa luz que ha viajado más de doce años hasta mis ojos.
¿Qué hacía a los veintitrés? Seguramente veía una ventana y me preguntaba a dónde irían los sueños ¿Será así en otros doce años?
Nadie observa. Todos duermen. Parece que nada existiera. Todo se desvanece. Solo quedan los recuerdos; una ventana, ese árbol negro y las proas de esos barcos.
Sí, somos la sombra de un árbol negro entre cientos de barcos, esperando.
Ahora todo me es extraño, incluso mis pies. Mirándolos pienso en que tendría que hacer un respaldo del disco duro mañana. Respaldar el trabajo, me digo.
Y me imagino por un instante si se me perdieran las ilustraciones, si por alguna razón, al encender el ordenador, no aparecieran.
¡Dios!, ¿qué diría?
- Este, este..., perdona Ángel. No sé que pasó, ¡¡te lo juro!! Simplemente desapareció el trabajo. Ya no está. ¿Cómo?, no, no, te juro que digo la verdad. ¡Es cierto!, el ordenador está encendido, estoy seguro.
¿Has escuchado hablar de la luz de las estrellas?, no las vemos pero existen. Claro, vemos su luz, pero una luz que hace años no es de ellas. Yo recuerdo mis ilustraciones, ¿quieres que te las platique?
- En serio, tenía todo el proyecto resuelto pero, no sé, simplemente ya no está; igual en doce años pueda entregarte. No, no es broma, te lo juro. Ya, perdona. Es que no sé, no sé cuando podría entregar. ¡Dios! no sé que voy hacer. Está bien, lo siento.
Me recorre una angustia interminable.
Me cuesta trabajo salir de esta idea y me invade esa extrañeza de siempre. Simplemente me quedo frente a esta ventana, en la penumbra, sin poder notar la diferencia entre barcos y edificios; sin tener la seguridad, siquiera, de que ese árbol es un árbol.
Definitivamente no habría forma de demostrar que existen esas ilustraciones si se perdiesen en el disco duro. Y no habría diferencia entonces entre haber trabajado durante tres meses sobre ellas y el no haberlo hecho; y haber andado por ahí, caminando o sentado en un parque, mirando los árboles o soñando que dibujaba árboles. Salvo que tendría todos esos recuerdos que quedan cuando uno recuerda algo.
Yo las recuerdo ahora que el ordenador está apagado. Las tengo en mi memoria. Si cierro los ojos las veo claramente, aunque igual, ahora mismo puedo recordar otro árbol que nunca he dibujado. En tal caso, ¿aceptarían mis recuerdos como ilustraciones?
Dicen que somos nuestros recuerdos, que somos hechos de la misma materia con la que se hacen los sueños. Somos solo recuerdos soñados, imaginados, no más. ¿Y la vida?, ¿y mis ilustraciones?
¿Cuánto pesaré cuando sueñe?
Cuando Segismundo queda en la torre y despierta en completa oscuridad parece, por un momento, confundirlo todo. Parece incluso un sueño él mismo. Yo lo imagino con los brazos abiertos y cerrando los ojos: ¿Qué es la vida?, se pregunta; Una ilusión, una sombra, una ficción.
¡Dios! Ángel me va a matar. Será mejor que haga un respaldo ahora mismo. ¿Qué importa si los edificios parecen barcos o los barcos parecen edificios anclados? o ¿ese árbol, o lo que parece un árbol, está en medio de inmensas proas?
¡Puta!, tengo treinta y cinco años y ni siquiera tengo la certeza de saber qué es un árbol cuando miro lo que parece un árbol, y aunque fueran mil, jamás tendría la certeza. Parece todo una ilusión, una ficción. Mi trabajo, mis ilustraciones, los libros, este ordenador, la mesa, los días, la noche, los barcos, los árboles; todo es una ficción.
Personajes frente a una enorme ventana, en un cuarto de esta ciudad.
Volteo y el ordenador sigue en la mesa, solo, imperturbable, silencioso. La mesa parece de hollín. Solo hay una gerbera marchitándose en un vaso. No hay nada más. Ni un dibujo, ni un color, ni un lápiz, ni siquiera las palabras que leí en el libro. Nada. Solo yo, observando.
En la silla, por alguna razón, sigue el libro. Leo, "La vida es sueño".
Sigo observando. Entonces, desisto de todo y me voy a la cama.
Sé que nunca me dejará esta sensación de extrañeza que tengo al apagar el ordenador, de no estar seguro de que exista mi trabajo.
De tener siempre esta idea de haberlo soñado.
De que nunca existió este día.
De que no existe ilustración alguna que lleve un árbol.
De que no hay dibujos de barcos y de edificios.
De no tener siquiera la seguridad de que, el ordenador, encienda cada mañana.
Igual Segismundo está entre esos barcos, mirándome, haciéndome señas con sus brazos, observándome. O tal vez ahora que duerma, sueñe que me convierta en un árbol en medio de estos edificios. No sé.
Cierro los ojos.
Los barcos siguen en mi mente. Los veo. Están ahí (¿los imagino o los recuerdo?). Barcos anclados. Barcos de piedra. Entonces abro mis ojos y, enhiestos, me ven.
Me recuesto en la cama.
Mi cuerpo se hunde y mi cabeza flota en la almohada. Abro los brazos y miro el techo (dijo Saramago que era Dios). Le sonrío y cierro los ojos. Escucho los latidos tenues que hay en mi pecho y lo veo.
En la mesa el ordenador, imperturbable, desaparece.
Mientras, sobre un árbol, alguien me dibuja un barco.
Eso creo soñar.
Se hace día.
être égaré
La idea del ser humano como náufrago eterno, como pájaro de Lorca, el mundo como un sueño, como un sueño que navega en una botella en alta mar (être égaré,), al garete, jamás sabremos si llegará a alguna playa pero soñamos con ello, tal vez para imaginar y para desear que alguien, en algún momento, leerá lo que un día escribimos y no sentirnos tan solos.
La promesa en la escritura, en los libros, es justo esa botella que hace flotar nuestra vida.
La promesa en la escritura, en los libros, es justo esa botella que hace flotar nuestra vida.
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